Cuando venimos a la vida en este plano, cuando aparecemos en el vientre de nuestra madre y cuando nacemos, somos seres llenos de luz y amor cuyo único impulso es preservar la vida fluyendo hacia el bienestar, y esta es nuestra verdadera esencia, nuestro ser esencial.
Pero llegamos a un medio hostil en contraste con esta esencia (por bueno que sea siempre será más hostil que el vientre materno) y ello va a producir un obstáculo en ese fluir de nuestro impulso vital. Llegamos a un medio en el que además los adultos viven condicionados, limitados por su propio desarrollo caracterial, y por tanto deficitarios en amor incondicional y comprensión de quién es el que llega y qué necesita.
A partir de este choque, el bebé, el niño, a lo largo de su desarrollo, necesitará ir estructurando mecanismos para adaptarse a ese medio, para sentirse amado y aceptado. Y lo hará desde la ley de supervivencia que rige la preservación de la vida: la ley del mínimo esfuerzo: buscar el máximo ahorro energético, en la búsqueda del máximo placer posible, o lo que es lo mismo, el mínimo displacer posible.
Es así como va a ir estructurando actitudes, inhibiciones, mecanismos defensivos, estrategias, que van a ir conformando su coraza caracterial, (lo que comúnmente llamamos Ego). A medida que, durante las distintas fases de desarrollo infantil, va estructurando su carácter, va identíficandose con él y paulatinamente distanciándose de su ser original, de su esencia, hasta llegar al punto de desconectarse completamente de él y olvidarlo.

¿De qué forma el cuerpo queda comprometido en este proceso?

La psique y el cuerpo y sus procesos energéticos son una unidad indivisible y funcionan como tal. La coraza caracterial y la coraza muscular se desarrollan en dirección unívoca y al unísono a lo largo del desarrollo infantil. De la misma forma que va tomando una estructura el carácter, también la va tomando la coraza muscular para sustentar y apoyar los mecanismos de ese carácter puesto que los bloqueos psicoemocionales tienen su correspondencia en los bloqueos musculares, en forma de tensiones, contracturas, rigidez,postura, etc.

 

Una emoción es también una energía que necesita ser expresada. Si se inhibe, esa energía quedará contenida en el cuerpo, y necesitará de un quantum de energía similar para mantenerla contenida. Esa energía queda bloqueada y contenida en la musculatura. Todo lo que nos ocurre en la vida queda impreso en el cuerpo. Así se va estructurando nuestra coraza muscular.
Por tanto, la coraza muscular nos resta energía vital, mantiene las tensiones emocionales y está al servicio de apoyar y mantener nuestra forma inconsciente, automática y limitada de vivir nuestra vida.

 

Será imprescindible pues tratar estos bloqueos corporales para poder ir sanando, para seguir creciendo y desarrollándonos, para en definitiva, tener una oportunidad de trascender nuestro carácter, comprenderlo, abrazarlo y hacerlo nuestro aliado en lugar de nuestro enemigo o nuestro obstáculo para fluir hacia el bienestar, para ir recuperando la conexión con nuestro ser esencial, para ir alineándonos de nuevo con nuestro cuerpo recuperando también la conexión y la unidad con él, permitiéndo así que nuestro cuerpo comandado por nuestra esencia, nos guíe.

 

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Por: Pilar Usart, analista de Bioenergética, terapeuta Gestalt, terapeuta Corporal Integrativa